A cinco semanas de mi retorno a Andahuaylas, he encontrado una ciudad muy próspera, con grandes edificios y negocios por doquier, un paseo peatonal hermoso y una vista nocturna espectacular.
Ese contexto, sin embargo, si lo llevamos al terreno de la comunicación, genera un gran contraste porque continúan los “picapiedras” de siempre en algunos medios.
El periodismo de la acogedora y hospitalaria tierra chanca no merece estos actores que maltratan el lenguaje y sobrestiman la inteligencia del honroso público andahuaylino. Afortunadamente, son los menos, porque la mayoría son reconocidos profesionales que enriquecen la prensa, lo cual nos deja muy tranquilos.
En una época donde las instituciones están politizadas y los medios se rigen por intereses empresariales, tomando parte del escenario mediático para generar su autodefensa y buscar aliados, el periodismo independiente es un lujo en las provincias del interior del país.
Andahuaylas tiene que aprovechar tal situación y desarrollar un periodismo clásico, de servicio a las mayorías, denunciando la corrupción y alentando la integridad de los peruanos de bien.
No existe otro camino para que el país alcance la prosperidad, y eso se logra teniendo buenos gobernantes que no generen escándalos ni abandonen su gestión, justificando sus ingresos sin signos de enriquecimiento ilícito.
En cuanto a la prensa, debe demostrar que la reputación es un elemento a tomar en cuenta, que el reconocimiento del público enaltece al periodismo, y que ser honesto es una virtud que todos debemos poseer. El dinero no es una condición para quien desarrolla la tarea de informar, sino un incentivo al buen periodismo, que se logra a través del rating y la honestidad.
ÁRBOL DE CEREZA

